Talking Brains. El sueño que despertó

Todo tiene una vida, los sueños también. Nacen un día ingenuamente y se ponen a crecer, a engordar y hacerse altos, altísimos, hasta que pierden la inocencia y despiertan. Ese día pasan del podría ser al soy. No seamos ingenuos nosotros tampoco. Quien la sigue no siempre la consigue. Sabemos bien que muchos sueños se quedan en el camino. Se cansan, se acurrucan y es muy difícil despertarlos.

La exposición Talking Brains es uno de esos que no se cansó, que siguió hasta el final, hasta su muerte como sueño y su inicio como ser del mundo real. Los que hemos ido animándolo durante este tiempo, alimentándolo, protegiéndolo, no podemos más que mirarlo una y otra vez. Hasta los más duros nos ponemos tiernos y nos abrazamos pensando “lo hemos conseguido”, “¡Talking Brains lo ha conseguido!”.

Talking Brains se despertó para mostrarnos algo esencial de nosotros mismos: el lenguaje humano desde el punto de vista del cerebro en que se inscribe. Lo hace en plan divertido pero tiene un puntito también trascendental. Esa facultad compartida con el resto de humanos nos define, nos identifica, y, a su vez, nos sirve para definir el mundo que nos rodea.

Los autores de Talking Brains, lingüistas todos, que reprimimos suspiros cuando se confunde o simplemente se ignora la lingüística, nos sentimos como Neil Armstrong plantando esta exposición en nada más y nada menos que el museo de la ciencia de Barcelona, el CosmoCaixa. Espero, compañeros, que esta contribución sea un paso para la visibilización de nuestra tarea. Si grande o pequeño, el tiempo lo dirá.